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Lo bueno de que Londres se quede paralizada

El ser humano tiene una enorme capacidad para adaptarse, para encontrar una manera, para sobrevivir. Somos inventivos y creativos. A veces eso lleva a historias terribles, a veces a innovaciones sorprendentes. Y a veces se trata de asuntos cotidianos que nos terminan sorprendiendo a nosotros mismos. Para algunos esto se manifestó durante la pandemia, cuando tuvimos que acostumbrarnos a trabajar a distancia, a enseñar a través de una pequeña pantalla, a alterar nuestra rutina semanal por varios meses. No obstante, el retorno a la nueva normalidad no debería ser necesariamente un retorno a nuestras antiguas prácticas. Quizás en estos meses descubrimos una forma nueva de hacer algo que no necesariamente tenemos que abandonar.

Para hacernos una idea de las posibles consecuencias, tomemos en cuenta algo curioso sucedió en Londres en 2014. Esta ciudad es famosa, entre otras cosas, por su histórico sistema subterráneo de transporte masivo público. Millones de londinenses lo usan todos los días para ir a su trabajo o a sus estudios y regresar. Ese año hubo una huelga que cerró algunas de las estaciones de esta red. Mucha gente vio afectada su ruta. Muchos tuvieron que alterar su rutina diaria para poder llegar a su destino usando otra línea del subterráneo o combinarla con una ruta de bus. La gran mayoría vio esta situación como una inconveniencia pasajera. Otros lo vieron como una oportunidad para empezar de nuevo.

El economista Ferdinand Rauch de la universidad de Oxford juntó data después de que la huelga se había acabado para analizar el comportamiento de los que habían tenido que cambiar sus rutas esos dos días. Encontraron que hasta un 5% de los que se vieron afectados cambiaron su comportamiento definitivamente luego. Es decir, uno de cada veinte probó algo nuevo en esos dos días que le terminó gustando más. Algo que decidió que sería su nuevo normal. Algo que, dicho sea de paso, no habría probado si la huelga no lo habría obligado a probar.

Para algunos era una caminata de unos minutos adicionales, pero agradables y relajantes. Para otros puede haber sido una estación subterránea más amigable en la cual esperar. Para otros puede haber sido un paisaje más interesante para ver durante un tramo en bus. Fue algo distinto para cada persona. Pero para cada uno de ese 5% hubo algo que los motivó a cambiar su rutina para siempre.

El retorno a la nueva normalidad no debería ser necesariamente un retorno a nuestras antiguas prácticas. Quizás en estos meses descubrimos una forma nueva de hacer algo que no necesariamente tenemos que abandonar.

Pensemos en nuestra propia situación en la pandemia. ¿Cuántos de nosotros hemos tenido que alterar profundamente la manera como vivimos? Como trabajamos, como estudiamos, como hacemos las compras. Quizás antes le teníamos aversión a las reuniones por zoom y ahora, ni modo, son costumbre aceptadas en general. Quizás antes no nos mandábamos a comprar tanto por internet y ahora, ni modo, hemos tenido que hacerlo tanto que se ha vuelto costumbre. Quizás antes no le entrábamos tanto al streaming y ahora, ni modo, es todo lo que consumes.

Muchos volarán en la nueva normalidad a hacer todo exactamente como lo hacían antes. Y está bien. No obstante, vale la pena detenerse y meditar al respecto. Tratar de definir si eso es realmente lo que nos conviene. A lo mejor esta pandemia, entre todas las cosas terribles que nos trajo, también nos ha presentado con la oportunidad de empezar de cero en muchos campos. Así como los pasajeros del subterráneo londinense, esta pandemia nos está dando la oportunidad de comenzar de nuevo. Aprovechemos esta brillante ocasión, que no se da muy seguido. De hecho, es un evento de una sola vez en una generación. Si no funciona o si resulta todo mal, puedes echarle la culpa al covid 19.

(Originalmente publicado en Noticias eBiz)

(Fotito: pauluk1234)

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