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julio 7th, 2011UncategorizedMildemonios 2 Comments
La verdad es una sola (10): Los supervillanos de la intolerancia

El pata que ven aquí arriba se llama Spider Jerusalem y es el personaje principal de un comic con contenido político, llamado Transmetropolitan.  Básicamente se trata de un periodista de investigación llevado al extremo en una sociedad futurista en decadencia.  Tiene su gracia.  A lo largo de los años que se publicó esta historieta, su autor Warren Ellis puso en la boca de este personaje una serie de ideas y de frases que son dignas de mención.  Una de las ideas que siempre promovió en Transmetropolitan, por ejemplo, es que el periodista tiene que opinar.  O mejor dicho, que tiene que tener una opinión con respecto a lo que está reportando.  Porque si no, en una ocasión lanza, lo que necesitas es solamente la cinta de las cámaras de seguridad.

Por supuesto que esto en el Peru sería altamente criticado.  En el Perú tener opinión es un problema, porque uno nunca va a estar de acuerdo con todos.  A menos, claro, que estés a favor de su candidato o en contra de su enemigo.  No importa que uno justifique su posición o presente su caso, siempre va a ser atacado de estar coludido con algún interés o de haberse vendido o qué sé yo.  Y si en el extremo de los casos no pudieron encontrar de donde agarrarse, entonces lo que se lanza es que “seguramente el próximo año estarás en la planilla de…” o “ya te venderás”.  Lo cual me recuerda a otro comic, Judge Anderson, en el que una juez que además es síquica te condena por crímenes que no has cometido aún, sino solamente por pensarlos.  Lo cual en su momento fue una crítica a las duras políticas de prevención del crimen aplicadas en el Reino Unido.


“Ni siquiera lo pienses”

Esto, por supuesto, es una oposición a los comics clásicos de superhéroes, en los que los malos son malos porque son malos y no hay mayor análisis.  Claro, en algunas ocasiones queda claro, como el Joker queriendo envenenar a la población de Ciudad Gótica o el Duende Verde robando un banco.  Pero con el tiempo y por suerte han aparecido otros comics que van mucho más allá de eso. Por ejemplo, el célebre Kingdom Come, en el que una visión utópica de Superman (en la que “solamente hay bueno y malo y reconocer lo bueno de lo malo no es difícil”, que es pues inaplicable a la vida moderna) es llevada de encuentro por la mucho más pragmática forma de ver las cosas del amigo Batman, quien necesita hacer alianzas con supervillanos para poder alcanzar sus objetivos.  Aunque luego los traicione, claro.

Esto viene al caso, creo, en la mente de varios analistas ya está definido quién es bueno y quién es malo.  Y las etiquetas se chorrean a otras personas que no necesariamente lo son.  Ahí tenemos que tener cuidado de no etiquetar de maligno por maligno a alguien.  Esto es algo que se hace a veces en los comics o en películas porque te simplifica el proceso de contar una historia, pero que no tiene mucho sentido en la vida real.  En la página web Cracked, por ejemplo, se burlan de eso con artículos como el “siete villanos que en realidad tenían la razón” o “seis personajes históricos tomados como villanos, pero que en realidad eran buenos tipos“.

Mi punto es que la realidad es demasiado compleja para esta clase de simplificaciones.  En la segunda vuelta lo vimos perfectito.  Para algunos, Humala era el villano y cualquier sacrificio se justificaba para “vencerlo”.  Para otros, lo mismo pero con Fujimori.  La diferencia con un comic es que éste tiene 24 páginas y cuando lo terminas y se eliminó la amenaza, se acaba.  No hay consecuencias.  En cambio en la vida real sí las hay.

'2 Responses to “La verdad es una sola (10): Los supervillanos de la intolerancia”'
  1. Marco dice:

    Creo que la gente si valora el hecho de tener opinión propia por parte de un periodista, conductor, o locutor de noticias. De lo contrario, sería una simple marioneta. Claro, esta opinión, en todo caso debe estar sustentada en supuestos verdaderos y argumentos coherentes.

    Lo que la gente no tolera, es que cuando se de información, está sea incompleta (con intenciones sub-alternas), se mienta o se manipulen los hechos para mostrar una realidad distorsionada. Eso es lo que ha pasado durante las elecciones, y eso indigna bastante, ya que es como si insultaran la inteligencia del lector, televidente o radioescucha.

    Del mismo modo, si se quiere hacer buen periodismo debe mostrarse cual es la opinión del contrario, para que la gente puede sacar una conclusión equilibrada, y se valore mejor el medio, de modo que no se le impute que solo sirve para defender determinados intereses (ajenos a la labor periodística).

    Eso me parece lo más sano y sensato.

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