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septiembre 1st, 2010UncategorizedMildemonios 5 Comments
La comunidad del blog (9)

Hace un tiempo el amigo Carlín promovió lo que llamó el Manifiesto del Siglo XXI.  En general me parece una idea genial.  Básicamente postula que dado que la tecnología ha avanzado a un punto en el que se puede hacer más con menos gente, tiene sentido que la jornada de trabajo sea de cuatro horas.  Yo estoy de acuerdo en términos generales con eso, pero con una adenda: No creo que sea conveniente imponerlo.

Al post que hice hace unos días con respecto a esto, los amigos del Manifiesto del Siglo XXI me han respondido.  Pueden leer su respuesta en este enlace.  Agradezco que la atención que me han brindado y procedo a hacer algunas aclaraciones.

Primero, insisto en que es una iniciativa necesaria.  Es cierto que en el mundo moderno la gente trabaja demasiado.  Eso no solamente es resultado del mercado laboral, sino de la evolución de la sociedad.  Hoy en día tienes que trabajar más para poder acceder a más cosas.  Eso no voy a decir que sea decisión de cada individuo, porque no lo es.  Es la sociedad como un todo que nos empuja a cada vez necesitar más bienes y más servicios.  Si no han visto esa genial película de Jaime Uys (un director africano) The gods must be crazy, tienen que verla, pues ilustra este punto a la perfección.  Tomo una cita de ese film en la que el narrador describe a una tribu del Kalahari que vive feliz en donde están:

They must be the most contented people in the world.  They have no crime, no punishment, no violence, no laws, no police, judges, rulers or bosses.  They believe that the gods put only good and useful things on the earth for them to use.

Básicamente lo que te postula es que esta tribu simple (en el buen sentido) y sin complicaciones vive feliz aceptando las limitaciones del espacio en el que existe.  Luego el mismo narrador pasa a describir a los humanos que viven en la sociedad moderna de la siguiente manera.

Only 600 miles to the south, there’s a vast city.  And here you find civilized man.  Civilized man refused to adapt himself to his environment; instead, he adapted his environment to suit him.  So he built cities, roads, vehicles, machinery, and he put up power lines to run his labour-saving devices.  But somehow he didn’t know where to stop.  The more he improved his surroundings to make life easier, the more complicated he made it.  So now his children are sentenced to 10-15 years of school, just to learn how to survive in this complex and hazardous habitat they were born into.  And civilized man, who refused to adapt to his surroundings, now finds he has to adapt and re-adapt every hour of the day to his self-created environment.  For instance, if it’s Monday and 7:30 comes up, you have to dis-adapt from your domestic surroundings and re-adapt yourself to an entirely different environment.  8:00 means everybody has to look busy.  10:30 means you can stop looking busy for 15 minutes.  And then you have to look busy again.  And so your day is chopped into pieces, and in each segment of time you adapt to a new set circumstances.  No wonder some people go off the rails a bit.

O sea, el “hombre civilizado” al adaptar el ambiente a sí mismo no supo cuándo parar y ha terminado creando un espacio en el que todo es tan complicado que para sobrevivir en ese sofisticado mundo, los niños tienen que pasarse de diez a quince años estudiando.  Ojo que esta película es de 1980.

Así que, a la respuesta que me dan citando a Keynes… Sí, es cierto.  Keynes decía que sus nietos trabajarían menos, pero le faltó especificar que se refería a que trabajarían menos para conseguir lo mismo que él conseguía con ese tiempo de trabajo. ¿No me explico? Vean esta excelente exposición que hizo Matt Ridley en TED (tiene la opción para ponerle subtítulos en castellano, así que denle una oportunidad).

Tomo de ese video algunas ideas.  Alrededor del minuto cinco Ridley define lo que es prosperidad.  Y de hecho, brinda una definición que estaría bastante de acuerdo con la que los amigos del Manifiesto del Siglo XXI proponen: El poder acceder a más cosas en el menor tiempo.  Pero como pueden ver del ejemplo que brinda Ridley, la gente menos productiva no perjudica a la más productiva.  Como ven, el hecho de que yo pueda hacer más lanzas en menos tiempo que otro, pero que también pueda recoger más comida que otro no quiere decir que estaré haciendo lanzas y recogiendo comida.  En esa situación uno escoge qué es lo que puede hacer mejor de las dos opciones y se dedica a eso.  El otro individuo, el que no es tan productivo, se queda haciendo lo otro y tendrá que intercambiar lo que hace con el que es más productivo.  En el video se muestra claramente cómo ambos salen ganando y por qué tienen sentido los hallazgos arqueológicos que menciona al final del video y que sugieren que el comercio es más viejo que la agricultura.

Algo así nos sucede en la vida moderna a todos nosotros.  Cada uno de nosotros ha escogido (en teoría) una cosa en la que se supone que es mejor.  Y se dedica a eso y lo produce mejor que otros (en teoría).  Al final del mes recibe su cheque e intercambia esa ganancia por otros productos que necesita para sobrevivir.  Pero ahí viene el problema.  Esos recursos que recibimos, lo siento amigo Carlín, en promedio son más que hace veinte años.  Eso no es sujeto de discusión.  Lo que pasa es que no nos alcanza para nuestras necesidades en crecimiento.  Que nuevamente, no es nuestra culpa como individuos.  Es culpa de la sociedad que nos impone cada vez necesidades más costosas.

Aquí el video de Ridley se va por otro lado y habla más bien de la naturaleza de la evolución de las ideas, pero en el minuto seis brinda otro ejemplo que me parece útil para nuestra discusión.  Le pregunta al público cuánto tienen que trabajar para pagar una hora de luz eléctrica, de tal manera que puedas leer un libro en la noche. ¿Alguno de ustedes sabe? O sea, todos sabemos cuánto pagamos a fin de mes por el servicio completo (o por lo menos los que nos mantenemos a nosotros mismos).  Pero, ¿saben cuánto del trabajo del mes equivalió a lo necesario para pagar una hora de esa cuenta?

Ridley muestra información al respecto.  Es información para el Reino Unido, lo cual por supuesto para algunos no solamente invalida el argumento por completo, sino de paso a todo el idioma castellano que estoy utilizando para contarlo, pero seguramente para otros muchos dará harto que pensar.  Hoy en día en el Reino Unido tienes que trabajar en promedio medio segundo para ganarte una hora de luz eléctrica.  Medio segundo es suficiente.  Apenas hace 50 años (aproximádamente en la era de Keynes, el economista mencionado por los amigos del Manifiesto del Siglo XXI) eran ocho segundos de tu trabajo.  O sea, tenías que trabajar por ocho segundos y con eso habrías pagado una hora de luz eléctrica.

La diferencia de siete segundos y medio… Eso es progreso.  Son siete segundos y medio que puedes usar en otra cosa.  Quizás chatear, quizás responder un email, qué sé yo.

Y en 1880 tenías que trabajar quince minutos para pagarte una hora de luz en la noche.  En 1800 habrías tenido que trabajar por seis horas.

(Sí, sé que en el Perú una gran porción de la población no tiene acceso a la red pública de luz eléctrica… Lo que debería llamar a mayor preocupación por ese tema.  Pero ése es otro asunto)

Al final tú puedes decir que caray, ¿entonces por qué no trabajo un día al mes y con eso pago todo lo que necesito…? Pues porque con el pasar de los años se ha incrementado las necesidades.  Como en la pelicula que comentaba al comienzo.  Ridley lo reconoce cuando compara cuánta gente trabajaba para un rey hace siglos con cuánta gente trabaja para nosotros cada vez que vamos a un café a tomarnos un capuchinito con nuestros amigos.  Y con mejores resultados, porque si no, no le pagamos.

Y por eso sucede que cuando a la gente le das la opción de trabajar medio tiempo, el otro medio tiempo lo aplicas que cachuelos y en trabajos eventuales.  Pondría ejemplos, pero eso desviaría la atención de la discusión.

Ahí es que creo que está fallando el planteamiento del Manifiesto del Siglo XXI.  Y por eso opino que no debe ser impuesto, sino producto de una negociación.  Que tiene sentido que un trabajador productivo labore menos si quiere.  Pero que si quiere, siga trabajando para ganar alguito más.  O quizás no, quizás quiere trabajar menos porque valora más su tiempo libre.  Considero que es incorrecto estandarizar eso a nivel universal.  Porque, como explica Ridley, los más productivos necesitan a los menos productivos para que la economía funcione.  El planteamiento de que los menos productivos arruinan el mercado a los más productivos no es tan cierto.  Ok, sí hay un efecto, como el que mencionan en la respuesta que me dan.  Pero eso es momentáneo.  Las economías que crecen a punta de bajos salarios no se pueden mantener más de una generación.  O no deberían, en todo caso.

Por eso mi punto es que antes de obligar a los empleadores a dar jornadas de cuatro horas a un salario mínimo tiene más sentido preocuparnos por hacer a los peruanos más productivos.  Eso se logra con mejor educación para todos, con mejores universidades, con mejor acceso a tecnología, etc.  Todo eso hace que al final todos salgamos ganando en la medida en la que nos interrelacionamos todos.  Lamar a jornadas de cuatro horas por supuesto que va a tener pegada. ¿Quién en su sano juicio se va a negar a ese planteamiento? El asunto es que es un cambio que a la sociedad le costaría un montón y que, como otras muchas excelentes ideas que implementarlas costó demasiado, después vienen los problemas y el que paga la cuenta es otro.

Pero en fin, ése es otro rollo, para el cual hay que usar otras citas con otra data.  Pero que quede pendiente.  Si es que la discusión da para tanto, la busco.

'5 Responses to “La comunidad del blog (9)”'
  1. […] cuatro horas.  A esto yo escribí un comentario.  A esto él escribió una respuesta.  Y esto yo escribí una respuesta a su respuesta.  Y a esto él escribió una respuesta a la respuesta de la respuesta.  A esto yo ya no respondí […]

  2. Carlín dice:

    Respondo en mi blog:
    http://manifiestodelsigloxxi.blogspot.com

    • Mildemonios dice:

      Renatiux: Totalmente de acuerdo. Por eso la preocupación por una mejor educación que incluya estos valores.

      Morsa: De acuerdo. Las ocho horas no cayeron del cielo, sino que responden a ese origen que mencionas. En ese sentido, plantear cuatro horas es una cifra arbitraria. No me quedaría claro por qué cuatro y no tres y media. O cuatro y tres cuartos.

      Carlín: Interesante! Me comprometo a responderte durante la semana que viene.

  3. Hay un tema que se abre de la discusión inicial, pero que es igualmente importante. Te cito: “Hoy en día tienes que trabajar más para poder acceder a más cosas”. Sí, es cierto, y es cierto que para acceder a lo mínimo ya no es necesario trabajar 8 horas diarias. Quizá basten con 5 ó 4, no sé si sean 4. También es cierto que en un mundo tan complicado, deberíamos aprender a vivir con poco y no mucho. ¿Para qué quieres una 4×4 si vas a conducir por Lima? En fin, ese es un tema moral, peliagudo, y tiene que ver más con decisiones personales.

    Ahora, es cierto que el escenario que tú describes es para aquellos trabajos cualitativamente desarrollados. En el campo de la ingeniería o el diseño o la consultoría, es claro que un porcentaje pequeño de nuestros sueldos va hacia el pago de lo mínimo/básico para vivir. En los trabajos que superviven del capitalismo industrial, ese porcentaje todavía es alto y el porcentaje de la torta no tiende a reducirse tanto como el de los trabajos más “posmodernos”. Son ratios distintos.

    En fin, es cierto que aparecen nuevas demandas y nuevos gastos (internet no existía hace 30 años y ahora es considerado un derecho).

    Otro punto, tiene que ver con el origen de las ocho horas. Esta no nació de un cálculo matemático sobre productividad, sino que partía del hecho de qué era lo más sano para el ser humano, esto es 8 horas para dormir, 8 horas para trabajar y 8 horas para el goce personal (ocio). Eso, si recuerdo bien mis clases de Marx con Juan Abugattas, venía de San Agustín y fue recogido por Marx. No hay que olvidar que su idea de comunismo no era la de un estado y un partido único, sino el pensar una sociedad donde cada uno pudiera no sé, dedicarse si quisiera a rascarse la panza. Así, la industrialización ofrecía una ventana para soñar o imaginar un momento en el que las máquinas se dedicarían a hacer el trabajo de los obreros y la humanidad pudiera finalmente retozar sobre el césped.

  4. Renatiux dice:

    Estoy de acuerdo en que hay que hacer a los peruanos mas productivos, y como se logra eso pasa por los punto que mencionas.
    Pero, ademas y creo que esto es aun mas importante, hay que desterrar la idea detrás del dicho “el vivo vive del sonso y el sonso de su trabajo” (criollada le dicen también). Por que esto encierra los comportamientos de corrupción, robo y demás.
    Es decir, mientras la población no tenga valores ninguna mejora en educación o acceso a tecnología entre otros servirá de mucho, menos para lograr una negociación por las ideales 4 horas de trabajo diario.

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