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septiembre 24th, 2010UncategorizedMildemonios 6 Comments

Para cualquier lector casual de este blog será un hecho indiscutible que me encanta discutir.  Claro, esto es, cuando se está discutiendo con alguien serio que valora el debate y que sabe las reglas de un diálogo que sirve para algo.  Por ejemplo, este intercambio de ideas que estoy teniendo con el amigo Carlín sobre su Manifiesto del Siglo XXI. ¿Por qué la sigo?, me preguntan por el twitter.  Par de tercos, ninguno va a ceder, me recalcan.  Pues falso.  De hecho, hemos llegado a varios espacios comunes.

En lo que va de la semana el amigo Carlin se ha disparado y ha soltado una respuesta en tres partes (primera, segunda y tercera) a mi última intervención sobre el tema.  Y ahí ya el tema se está abriendo, así que voy a responder lo más ordenado posible.

La primera de sus respuestas gira alrededor del cuestionamiento de por qué el Manifiesto del Siglo XXI pide que el jornal de trabajo se reduzca a exactamente cuatro horas y que éste podría sonar un parámetro bastante arbitrario.  Como Carlín lo dice, no es el tema de fondo, pero sí es un aspecto práctico que creo que tiene relevancia en el proceso de la difusión de las ideas que promueve esta iniciativa.  Después de todo, como siempre recalco, yo estoy de acuerdo con lo que propone el dichoso manifiesto.  Es solamente que estoy en desacuerdo con el procedimiento que propone.

Y es que dudo mucho que si se quiera establecer un cambio que perdure, éste se pueda lograr por la coerción.  Si queremos algo que quede para siempre, que es lo que me parece estamos aspirando, tenemos que convencer a las partes involucradas de que nos conviene a todos el cambio.  O que en todo caso, le conviene a la sociedad.  Es decir, puede que una de las partes involucradas salga perdiendo, pero se compensa por lo que ganan todos los demás.

Eso es un proceso de negociación que no va a ser fácil, pero que es mucho más preferible que hacer una huelga hasta que nos hagan caso.  Precisamente por el rollo que inicia todo el dilema. ¿No quieres trabajar? Puff, no importa, con la tecnología que hay ahora ya no te necesito como sí mis abuelos necesitaban obreros para sus fábricas.

En ese sentido, definir cuánto se va a reducir el jornal es crucial, porque esto lo vas a tener que negociar con los empleadores.  Es decir, con empresarios.  Y ahí tienes dos opciones: Empresarios desalmados y empresarios con conciencia.  Con los desalmados de todas maneras no se va a poder negociar, así que ni modo.  Pero un empresario con conciencia, digamos uno de los miles que aplican responsabilidad social o que operan haciendo las cosas según su código de ética, tienes que darle una justificación técnica para algo así.

Nadie niega que haya habido ese incremento en la productividad que se menciona.  Pero también se tiene que aceptar el cambio en el costo de vida que comentaba yo en un post anterior. ¿Pero cuánto es cada efecto? Peor aún, ¿cuál es la proporción entre ambos (que es lo que en realidad importa)? El amigo Carlín dice que hay un inmenso atraso en el ajuste de esto y que por eso amerita bajar el jornal a la mitad.  A mí no me queda claro por qué.  Por más que se insista en la idea -que nadie discute- lo que yo digo que hace falta aclarar es qué criterios se están aplicando para decir esto.

Por otro lado, como lo comenta el amigo Carlín, si se baja el jornal solamente un poco, eso se absorverá por la “elesticidad de la productividad”.  Es decir, te bajo el jornal a seis horas y terminarás en esas seis horas corriendo para hacer lo que habrías hecho en ocho horas.

Ahí lo siento, pero tengo que hacer la pregunta.  Eso quiere decir, entonces, ¿que antes del cambio me estabas robando tiempo? O sea, que podías trabajar más, pero decidías no hacerlo.  Esto respalda el tercer punto de mi post anterior sobre el tema.  Y es que, el tema de la plusvalía que a los seguidores de Marx les encanta repetir (esto de que a veces el empresario se apropia de parte del valor que tú creaste como trabajador de su empresa) no es un concepto que teóricamente se pueda usar como dogma o como principio imbatible.  Ok, sí, es una definición útil, pero no se aplica siempre.  Por ejemplo, no se aplica en la Europa que el mismo amigo Carlín está describiendo cuando se redujo el jornal de trabajo semanal.

Con respecto al texto de Bertrand Russell, no quiero ser petulante, pero a este causa le respondo lo mismo.  Ok, chévere que nos merezcamos pasar más tiempo haciendo lo que nos gusta, chéveres los avances de la tecnología.  Pero dime, ¿por qué exactamente cuatro horas? Lo que sí, este texto de Russell sirve para justificar otros de los puntos del mismo amigo Carlin.  Pero eso dejémoslo para otro post.

Conclusión, si esta propuesta quiere ser sostenible en el tiempo y lograr verdaderos cambios en la sociedad, tiene que ser explicada.  Mi pregunta se mantiene. ¿Por qué cuatro horas? ¿Por qué no cinco? Con cinco horas se alcanzan casi todas las razones que me está dando para defenderla. ¿Y si la ponemos en cinco dos tercios? ¿También funciona?

No, lo siento, tiene que ser un número.  Y un número justificado.  Si no, no se puede comenzar a negociar, sino que habría que imponerlo.  Y eso trae otra serie de complicaciones.  Más sobre eso en otro post.

'6 Responses to “La comunidad del blog (11)”'
  1. […] respondiendo al economista  Hans Rothgiesser,  acerca de la jornada de cuatro horas. Dice Hans (y esta parece ser la discrepancia central […]

  2. […] a la mitad? El amigo Carlín ha dado una respuesta que yo no considero que sea sólida.  Aquí la replico.  Incluye una crítica al texto de Bertrand Russell que el aimgo Carlín […]

  3. Carlín dice:

    Respuesta en: http://manifiestodelsigloxxi.blogspot.com/2010/09/jornada-laboral-negociacion-o-coercion.html

  4. Panina dice:

    Pero ambos parten del supuesto que la jornada legal (8 horas, y no 7 ni 9, otra aparente arbitrariedad) se estableció en base a algún tipo de criterio econométrico de productividad homologado de las fuerzas productivas del Siglo XIX y en consecuencia, la mejora en dicha productividad es la que determina la posible reducción de la jornada, no cierto. Al respecto:

    a)Refuto la mayor: la jornada de ocho horas no se estableció en base a ningún complicado cálculo macroeconómico para balancear consumo-ingresos-bienestar, sino en base al más sencillo criterio de supervivencia. Era simplemente inhumano seguir trabajando las 12 o más horas que se trabajaban en ese entonces (y no estoy hablando de estar sentaditos con headphones aporreando un teclado) estoy hablando de una mina de carbón o una textilera.

    b)Este criterio subsiste aún (aunque le duela a Aldo Mariátegui y demás seudo-liberales) y es la razón por la cual algunas profesiones deben, o deberían, tener jornadas menores a las 8 horas (pilotos de avión, enfermeras, cirujanos, controladores aéreos): simplemente la capacidad humana de hacer bien un trabajo no es infinita y un tipo de error es que al pantalón le falte el cierre y otra es amputar la pierna equivocada, de ahí la discriminación justificada.

    c)El criterio base no es pues la productividad de una empresa ni de la sociedad en su conjunto sino la capacidad humana de hacer bien un trabajo, y como este no ha cambiado (seguimos pudiendo trabajar holgadamente esas ocho horas) todo cambio ulterior deberá ser impuesto.

    d)Ahora bien, hay imposiciones que cuajan bien como la de la reducción de la jornada a 8 horas (por las razones antedichas), pero otras ya no tanto como la de reducirla aún más a 4 horas cuando la mayor parte de la gente va a ver este tiempo libre extra como innecesario y por tanto, como un “lucro cesante” en sus ingresos personales.

    e)Tan cierta como puede ser nuestra capacidad de elevar sin límites la productividad del trabajo está nuestra capacidad de crearnos ad infinitum necesidades artificiales. Cuando por ejemplo mejoren dramáticamente nuestros sistemas de transporte y hacer turismo en París sea tan fácil como ir a al centro comercial ya estaremos viendo el turismo a la Luna como el nuevo bien aspiracional del Siglo XXII. Es por tanto muy pronto para pensar en una sociedad tan auto-satisfecha que esté dispuesta a regalar este tiempo extra libre y lo que trabajándolo pudo adquirir. Esto solamente se da muy excepcionalmente a nivel de algunos CEO o gente que por convicción ostenta una filosofía antimaterialista, pero estos son los menos.

    f) En conclusión la jornada debería ser impuesta por ley y más aún, impuesta contra la voluntad de la mayoría de personas. Desde un punto de vista práctico, lo que va a suceder es que el trabajador de 4 horas buscará en general un segundo trabajo para duplicar sus ingresos. Inclusive si todos los empleadores aceptasen la nueva jornada con el simple expediente de elevar sus precios(lo que de por sí es difícil), este segundo trabajo sería ilegal o informal y no contribuiría al bienestar general de la sociedad ya que no tributaría, ni aportaría al seguro ni sería pensionable, etc, y buena parte de este mayor ingreso se iría a absorver el incremento de precios producido por la disminución general de la jornada.

    Como wishful thinking está bien pero de ahí en más…..bueno esta es la opinión de un lego no-economista.

    • Mildemonios dice:

      Panina: La máxima capacidad que tienen distintas personas en trabajar bien antes de necesitar descansar. Es un criterio tan bueno como cualquiera de los otros que hemos estado mencionando. Buen razonamiento.

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