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El comercio internacional que no destruyo a Gamarra

En el Perú tenemos un grupo de intelectuales y de políticos que siempre se han opuesto a que el Perú se integre comercialmente al mundo. A pesar de la teoría y de la evidencia, siempre han hecho lo posible por generar el pánico y advertir de escenarios ‘hecatómbicos’ si es que reducíamos los aranceles, si firmábamos el tratado de libre comercio con Estados Unidos, etc. A pesar de todo, sus advertencias de quiebras generalizadas de empresas peruanas y de desempleo galopante y otros jinetes del anunciado ‘apocalipsis económico’ nunca llegaron. Muy por el contrario, el tiempo les ha restregado en la cara una y otra vez que su propuesta: una economía peruana enfocada hacia adentro, como Bolivia o Argentina, es el camino equivocado.

Esta narrativa suele mencionar a Gamarra como el canario en la mina de este desastre que estaría por suceder, pero que nunca sucede. Hoy en día Gamarra es un emporio que incluye cuarenta y cuatro manzanas, tres dameros, una plaza principal y más de 200 galerías. Sin embargo, no siempre fue así de imponente. Gamarra es un fenómeno que se inició en 1960 y que creció desordenadamente hasta 1999, cuando la correcta combinación de autoridad municipal metropolitana con correcta municipalidad distrital y correcta agrupación de comerciantes formales generó las condiciones para poner un poco de orden. Esto se dio, además, en el contexto de profundos cambios.

En el año 1993, antes de las reformas económicas, el arancel promedio era de 16.39%. Para el 2000, ese promedio se había reducido a 12.82%. En el 2010 ya era de 2.52%. En el 2019 de 0.73%. En todo momento los heraldos usuales advertían que este proceso traería ruina y destrucción a Gamarra. ¿Sucedió eso? Debería, considerando los titulares y las portadas y los reportajes, pero no. Sumen a esto que en el 2006 se firmó el tratado de libre comercio con Estados Unidos, el cual se implementó en el 2009. Después de éste, vino el tratado de libre comercio con China, que se firmó en el 2009 y se implementó en el 2010. Y luego vinieron otros varios, entre los cuales estaba lo que firmamos en el 2012 con la Unión Europea, que era mucho más que solo un acuerdo comercial.

¿Cómo es posible, entonces, que lo que pasó con Gamarra fue lo diametralmente opuesto a lo que predijeron estos analistas ideologizados? Gamarra no desapareció y no hubo una ola de desempleados proveniente de las quiebras generalizadas. Todo lo contrario. El emporio comercial en cuestión creció y da -incluso hoy en plena pandemia- más empleo de lo que daba antes del proceso de apertura comercial. En 1993, antes de todo este proceso, en Gamarra había 4,869 establecimientos. En el 2008 -después de la reducción del arancel, pero antes del TLC con Estados Unidos- ya tenía 24,158 establecimientos. En el 2017, después de todo este proceso, tenía 39,630. Es decir, se multiplicó poco más que por ocho. Para nada despreciable. Realmente ofensivo que hoy en día se quiera volver a usar los mismos argumentos, sin reconocer este explosivo crecimiento económico.

Piensen en los que viven de Gamarra. En 1993 trabajaban ahí 5,532 personas. En 2008 ya eran 33,235 personas. Para el 2016 ya eran 71,484 personas. O sea, poco menos de 13 veces más. Piensen en ellos cuando se propone prohibir importaciones de China, que tendría un impacto adverso en todo este proceso. O cuando el partido de gobierno habla despectivamente de Gamarra. Muy por el contrario, deberían de ver en ese emporio comercial un ejemplo de empuje, dedicación, esfuerzo y mucho emprendimiento. Todo eso que ha hecho del Perú un mejor lugar. Por supuesto que Gamarra no es perfecto y que tiene aún temas pendientes. Al igual que el Perú, de hecho.

(Originalmente publicado en El Reporte)

(Fotito: GamarraSite.com)

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