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enero 26th, 2011cultura, UncategorizedMildemonios 1 Comments
Currently reading (23): I, Robot

No, no estamos hablando del bodrio de película que Will Smith decidió hacer para dejarnos en claro que ya no quería ser actor, para lo que había planeado destruir su carrera haciendo la peor película que podría hacer.  No, se trata del libro original publicado por el maestro Isaac Asimov, indiscutible precursos del género de la ciencia ficción.

Sí, sé que a muchos Asimov les cae chinche.  Pero de que el pata era capo, era capo.  Para muestra, esta excelente recopilación de cuentos sobre robots, I, Robot.  Solamente una mente muy lúcida podría salirse con los dilemas que en estos cuentos se plantean, para luego resolverlos de la manera como se resuelven.

Para el que no sabe, los robots en el mundo de Asimov funcionan gracias a un campo “positrónico” que se inventó este autor (y que luego es mencionado en infinidad de productos de ciencia ficción, como por ejemplo, Star Trek… ¿alguien recuerda a Data?).  El hecho es que en este mundo, la humanidad se resiste a aceptar el uso de robots abiertamente, por lo cual se les usa para aplicaciones militares, para labores pesadas, para colonizar nuevos mundos antes de que lleguen humanos, etc.; evitando el contacto directo con la población en general.  Pero por encima de esto, está el detalle de que los robots están sujetos a las infranqueables tres leyes de la robótica.

La primera, que un robot no puede dañar por acción o por inacción a un ser humano.  La segunda, que un robot debe obedecer siempre a un humano, a menos que la orden entre en conflicto con la primera ley. Y la tercera, que un robot debe proteger su propia existencia, a menos que esto entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Estas tres reglas, que suenan simples y lógicas, son la fuente de muchos conflictos en los cuentos de I, Robot.  Y ahí es que entra la genialidad de Asimov.  Estas reglas las puede entender quien sea, sin importar si el lector tiene un doctorado en astrofísica o si nunca terminó la secundaria.  A diferencia de mucha ciencia ficción que hay por ahí, que para poder ser comprendida requiere de extensos conocimientos de física, química o qué sé yo.  El mundo de Asimov presenta artefactos nucleares, principios de sicología, etc.  Pero no son centrales para comprender lo que está pasando.

De un set de reglas tan simples arma complicadísimas tramas que las puede seguir cualquiera que preste atención.  Y es que Asimov es realmente capo para escribir diálogos.  Ya lo había comentado cuando escribí este post sobre Fundación, su otra serie de historias.  Su manejo de los diálogos está tan bajo su control, que se extienden por páginas de páginas y de pronto te das cuenta que ya no te está diciendo quién dijo qué frase.  De la manera como lo dice o de su contenido tú lo deduces tranquilamente.  Hay que ser realmente capo para que eso te ligue.

Lo que sí hay que aceptar es que tiene modelos de personajes que se repiten.  Alguien que ha leído más de dos libros de Asimov notará que tiene patrones al respecto.  La mujer intelectual fría y calculadora que temina siendo heroína.  Aquí la tenemos bajo el nombre de la Doctor Susan Calvin, robosicóloga a cargo de solucionar misteriosos e improbables casos que involucran robots.  La pareja de profesionales amigos que siguen manteniendo el razonamiento lógico a pesar de estar en peligros mortales.  Aquí los tenemos bajo los nombres de Powell y Donovan, ingenieros de pruebas.  Y así un puñado más de personajes modelo que se repetirán en otras novelas o cuentos de este autor.

Pero en fin.  Ni modo.

Particularmente sorprendente me pareció el último relato, El conflicto evitable.  Un político acusa a otro de ser un robot que está fingiendo ser humano.  En una sociedad que aún no se acostumbra a la existencia de máquinas con forma humana que la está reemplazando de a pocos, esto puede resultar como una acusación de serias consecuencias políticas.  Pero el otro resulta siendo mucho más inteligente de lo que se esperaba.  La resolución a este conflicto, como suele ser el caso en los cuentos de Asimov, es inesperada pero tan obvia y simple.  Genial.

Y pensar que este libro fue publicado en 1950.  Desde entonces a ahora la sociedad ha cambiado tanto, pero a su vez tan poco.

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