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enero 6th, 2011UncategorizedMildemonios 5 Comments
Cronicas de un viaje anunciado (10): La dictadura de los recien nacidos

Sí, sí, yo sé que lo que está por venir es terriblemente políticamente incorrecto.  Que todo aquel ser humano que haya llegado a la adultez tiene que rendirle culto a los bebés porque son tan tiernos y tan inofensivos y que a los bebés no se les toca ni con el pétalo de una flor.  Y que si uno osa sugerir que hay que hacer algo para callar a ese maldito infante que llora y que llora y no se calla la boca, impidiéndole dormir a todos los demás pasajeros, de inmediato recibe el tratamiento del hielo por todos los demás.  Pero bien que todos lo están pensando.

Por supuesto que no estoy sugiriendo que se le agarre a cachetadas, como los nunca bien ponderados columnistas de un periódico de circulación nacional.  Ustedes saben a cuál me refiero, no hace falta que ponga el enlace.

Tampoco estoy sugiriendo que se les encierre.  Yo he llegado a vivir esa época en la que si un chiquillo no se calla la boca, se le metía a un baño y se apagaba la luz hasta que aprendan el valor del silencio.  No, tampoco estoy contando algo que me haya pasado a mí.  Yo sabía bien que tenía que tener la boca cerrada o el tío oficial de la policía entraría en acción.  Y créanme, después de verlo una vez interviniendo en la fiesta infantil de un primo, hasta una lombriz aprendía que eso no se deseaba que suceda de nuevo.  Estamos hablando de cuando la PIP y la Guardia Civil estaban separadas de la Policía Nacional del Perú, para que se hagan una idea.

Sí, ya sé que pobrecitos los bebitos, que hay que entenderlos.  Que seguramente tiene hambre o que le está saliendo un dientecito.  Que hay que cambiarlo o que seguramente algo le está pasando.

No, no estoy sugiriendo que lo arrojemos por la ventana del avión.  Tampoco que le inyectemos morfina a ver si así se calla (aunque debo confesar que la idea pasó fugazmente por la mente de uno de mis compañeros de viaje).  Mucho menos asumir el control de la lentísima investigación que estaba llevando a cabo el deficiente padre para averiguar cuál era el origen del llanto.

Sí, sí sé que es difícil saber por qué llora.  Pero dudo mucho que sea un proceso que dure tres malditas horas.  Mucho menos si existe la urgencia de estar rodeado de más de 200 pasajeros que quieren dormir, porque para eso los dioses inventaron la noche.  Situación que se hace más crítica si consideramos que al día siguiente era lunes y la mayoría de los presentes estábamos regresando a nuestros centros de trabajo.

Sí, sí sé que cuando uno sube al avión le revisan para que no ingrese armas de índole fatal.  Pero también sé que la necesidad es la madre de todas las inventivas.  No, no por el pobre bebito que pobrecito él, sus derechos están por encima de los de todos los seres humanos del planeta.  Sí, un solo bebé.  La poderosísima suma de uno, cuyos derechos están por encima de todos.

¿Y es que los adultos no tenemos derechos? ¿No tenemos ninguna clase de opción para reclamar? No, pobrecito el bebito.  Y hay que entender al padre.  Que dicho sea de paso, mínimo una disculpa por tenernos en jaque por tres horas, ¿no?

Por si se lo preguntan, la cara de la foto de arriba es de Herodes.  Digo, no más.

'5 Responses to “Cronicas de un viaje anunciado (10): La dictadura de los recien nacidos”'
  1. Panina dice:

    Buen título para una comedia.

    Pero parten de un supuesto falso, que el pasajero no puede hacer nada frente al “derecho” de llorar del bebé. De hecho y aunque no lo creas, hasta está reglamentada una situación así por leyes de aeronáutica civil si te pasa en un avión, y no sólo por si hacen bulla sino también por si apestan a mierda.

    Aquí va cómo: N°1 Olvídate que el supositorio de elefante ese sea un pasajero privilegiado porque no lo es ni subió solo al avión, hay un adulto al que puedes putear que es el responsable por él, y si viajase solo (raro pero no imposible) sería la propia aerolínea que lo recibe y entrega la responsable de lo que haga durante el viaje. N°2 Aceptado el hecho de que siempre hay un adulto o una empresa responsable por la vuvuzela con Huggies contra quien sí cabe perfectamente reclamar el ruido hazlo dirigiéndote a la máxima autoridad competente del vuelo que como ya habrás adivinado no es otro que el capitán de la nave. N°3 No es que quiera o no quiera, el Capitán debe resolver esta situación bajo su responsabilidad y está investido de toda la autoridad para solucionarla, por ejemplo para ordenar a sus hostess que lo callen o para pasarte a ti a primera clase o para cambiar al bebé de sitio lo más lejos posible de ti, etc.

    Callar a un bebé no es un imposible ni mucho menos, si lloró tres horas es simplemente porque quería llamar la atención y no obtenía la respuesta debida de la madre. Esto de por sí es un maltrato infantil y quien deja llorar a un niño 3 horas es una bestia contra quien no cabe lo “políticamente correcto”, de tal manera que ahora tienes en la sirena con chupón a tu mejor aliado para resolver tu problema.

    La próxima vez que te pase, te paras vas hacia el cockpit y te presentas como el dr. Rothgiesser, les dices que tienes una queja formal que hacer por el llanto del bebé y que tienes suficientes amigos en la Fiscalía para llevar a cabo una denuncia contra la madre y contra la aerolínea por el maltrato infantil del que estás siendo testigo. Sí la aerolínea es de USA o algún otro país civilizado ni tienes que hacerte pasar por abogado, diles nada más que tienes todo registrado en tu celular para probar la indiferencia depravada de su personal tan pronto pises tierra. Vas a ver que mínimo acabas en primera tomando champán y comiendo caviar… colega.

    • Mildemonios dice:

      Golor: Está bueno. Gracias por el enlace!

      Nicolás: Gracias por la solidaridad. Voy a chequear el enlace que me has puesto.

      Panina: Algo radical tu propuesta, pero supongo que válida.

  2. Nicolás dice:

    Jajaja. Imposible negar que es doblemente frustrante ser víctima de maltrato por llanto. Primero, por los impresionantes pulmones que tienen, y segundo por la impotencia que tenemos al respecto. Sin embargo, la verdad – no me odies – es que creo que por regla general sí tienen derecho a hacer ruido, aunque malogren nuestro lunes.

    Mira, un enfoque bien interesante sobre el derecho de los niños a pisotear nuestra tranquilidad (y sobre las diferencias entre, por ejemplo, la concepción “el niño es intocable” en EEUU y el “ejecútenlo ahora” de España) sale acá: http://blogs.elpais.com/mamas-papas/2010/11/el-derecho-a-hacer-ruido.html

    Saludos,

  3. Off topic, y normal si no lo publicas, pero manya este cómic–> http://chapter01.wormworldsaga.com/

    saluos!!
    (lo vi y me animé a pasártelo)

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