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abril 10th, 2012cultura, UncategorizedMildemonios 3 Comments
Acerca de la promocion del cine (18): El optimismo no sirve

En las últimas semanas dos columnas que intentan comprender el fenómeno de la promoción de la cultura han dado mucho de qué hablar, básicamente por lo controversial e imprudente de su contenido.  Por un lado está el tierno texto de Diego de la Torre, que comienza con una idea interesante para terminar con un desatino total (sí, ése que sugiere que Vallejo afectó nuestra visión de desarrollo).  De la Torre falla en un elemento fundamental: Siempre va a haber pobreza en una sociedad.  Siempre va a haber conflicto social, siempre va a haber gente menos favorecida.  Por eso expresiones culturales como Paco Yunque, que cita como ejemplo de otra época, van a ser necesarias.  Lo que tendría que estar postulando es que *además* de esos cuentos y poemas que descubren el sufrimiento de cierto sector de la población, lo justo sería que haya otro tipo de expresión cultural, la que muestra a los peruanos que sí están saliendo adelante.  A ese sector de la población emergente que considera que está mejor y que tiene una visión positiva y optimista del futuro.  Ese sector de la población no se ve representado y vive en un mundo en el que la mayoría de las películas peruanas promovidas por el Estado y por los medios convencionales transmiten un mensaje más bien pesimista.

Una idea similar es la que intenta plasmar Alfredo Bullard en esta otra columna, en la que postula que los intelectuales en el Perú tienden a ser anticapitalistas.  Yo no voy a llegar hasta esos extremos, pero sí considero necesario reconocer que hay una tendencia entre los profesionales dedicados a promover cultura peruana.  Algo que he comentado en posts anteriores y que comento a continuación.

Yo sé que esto es altamente discutible y que para muchos es una locura.  Basta leer los comentarios dejados en el Facebook page del Utero, cuando colgó la columna de De la Torre.  Por mi lado, de los posts que he estado colgando para criticar la proteccionista y anacrónica propuesta de ley de cine que está planteando el Ministerio de Cultura, me queda claro que hay gente que se ha cerrado a la discusión y no pretende cuestionar su posición.

Los demás consideren esto.  Según el Latinobarómetro 2011, el 45% de la población peruana considera que en doce meses va a estar mejor personalmente (el promedio de América Latina es 42%), el 29% de la población cree que en doce meses tendrá mejores ingresos (el promedio es 32%) y el 56% confía en el mercado (promedio 49%).  No estamos viviendo el apocalipsis económico de hace unas décadas y las perspectivas son buenas a pesar de todo.  No es difícil entender, entonces, por qué el resultado de la taquilla del año pasado arroja estos resultados.

La película peruana más vista del 2011 es la comedia aspiracional El guachimán, con US$273 mil.  Más del doble que Las malas intenciones, con US$89 mil, que ni con ayudadita extra de la ministra de cultura que tuvo que amenazar para que la repongan alegando un trato discriminatorio por parte de las salas de cine.  Claro que eso era mentira: Las salas sí habían puesto a Las malas intenciones en un horario propio de una película en estreno, pero la sacaron a la segunda semana, como hacen con todo filme que no ha sido visto por la suficiente gente que justifique que se quede en un horario estelar.  O sea, la trataron como a cualquier otra y por eso recibe amenazas del Ministerio de Cultura.  Y antes de que arranques a rajar de El guachimán, yo que tú la veo.  Por eso del análisis objetivo.

Mucho más eficiente y sostenible que estar haciendo lobby o apelando a contactitos en los ministerios (¿eso no está penado, que la ministra favorezca a una película en especial, pero no haya movido un dedo por otra? Digo, en calidad de ministra) es entender las fuerzas del mercado.  Algo que en otros países de la región ya entendieron hace rato y lo reflejan en el tipo de políticas de promoción que usan.  Terry Gilliam, cuando era miembro del British Film Institute, insistía en que es imposible luchar contra Hollywood y plantearlo como el villano de la película.  Lo que uno tiene que hacer es aprovechar los ciclos de mercado que genera y las ventanas de oportunidad que hay.  Pero claro, entender eso es más complicado que simplemente sacar una ley que obligue a la gente a ver películas que no quieren ver.  Porque hay una conspiración, pues.

Y ahora, el rico disclaimer en dos partes:

1. No digo que no se promocione el cine peruano.  Se tiene que promover con políticas públicas adecuadas.  Pero que sean adecuadas, no cualquier mamotreto orientado a arrojar dinero sin ninguna clase de condición de por medio o de compromiso por parte del que recibe el dinero.

2. Tampoco se trata de que solamente haya cine comercial o ligero.  Por supuesto que no.  Pero tiene que haber un equilibrio entre distintos tipos de cine promovido y no solamente unos pocos perfiles de películas que sean las que se beneficien.

(Dibujo de arriba: http://emcarroll.blogspot.com/)

'3 Responses to “Acerca de la promocion del cine (18): El optimismo no sirve”'
  1. Mildemonios dice:

    Marco: De acuerdo con todo lo que dices. A mí lo que siempre me hace sonar alarmas es cuando viene alguien queriendo decidir por mí lo que me gusta o lo que me debería gustar. Que un comité de iluminados sea el que decide qué es cultura y qué no. Cuántas veces ya lo hemos visto.

  2. Marco dice:

    A mi me gustó Las Malas Intenciones, pero sé que no conecta con todos los públicos; y tampoco me parece mal que haya gente que haya visto El Guachimán y le parezca la mejor película peruana del año pasado.

    Particularmente, el exceso de optimismo me da alergia, por lo ingenuo que es; sin embargo, si hay gente que le gusta no me opongo, que hagan películas felices para la gente que quiera estarlo.

    Lo importante, más allá de todo, es que no hay que olvidar en ningún momento, que hacer cine es finalmente un negocio, nadie le mete plata a un proyecto para perder plata. Y nunca hay que olvidar tampoco, que finalmente es el espectador quien tendrá la última palabra al elegir una película sobre otra. Si a esté último no se le hace caso, el cineasta está en el lado equivocado.

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